00:04
Buenas, buenas. Bienvenidos y bienvenidas a Audiolibros por qué leer. Hoy vamos con un cuento de amor, pero más que un cuento de amor, es un cuento de obsesión.
00:16
y de enamoramiento. Hay algo de obsesión cuando nos gusta a alguien, cuando lo estamos conociendo, cuando descubrimos que estamos enamorados. Y de eso habla este cuento del inglés Victor Pritchett que salió en 1973 en la revista The New Yorker. Se llama Una chica maravillosa y aunque es medio confuso en su narración y para esto les pido que presten atención, que tengan tal vez un rato de silencio para escucharlo bien, y que para mí además significó un desafío en la lectura, decía, es un cuento que nos permite pensar en distintas metáforas respecto a lo que es estar enamorado.
01:05
Por un lado, tenemos...
01:07
Unos vínculos de desamor, de desapego y por otro lado, esta obsesión, esta necesidad de estar cerca del otro a pesar de que por momentos hasta parece que el mundo se interpone. Vamos a la lectura y después lo charlamos. La ceremonia oficial estaba llegando a su fin.
01:32
Bajo las arañas melosas de lo que alguna vez había sido el salón de baile de la mansión a la que se había mudado el instituto, los rostros de la numerosa audiencia se volvieron amarillos y avejentados mientras escuchaban los últimos discursos y hacían un último esfuerzo para levantar el mentón, enderezar los hombros y mantener un porte digno de los paneles dorados y los brocados de las paredes y el cielo raso donde se solazaban querubines, nubes y diosas desnudas. «Ah, ojalá pudiera estar allá arriba con ellos», pensaba el joven sentado en el fondo.
02:10
Pero en el escenario el director había pasado de los eternos valores del arte a la gratificante presencia del ministro, la inagotable energía de Lady Brickson y la encomiable tarea del profesor Exeter y sus colaboradores, para concretar la exposición que se exhibía en el piso de abajo.
02:29
Cuando lo nombraron, el profesor miró encantado a la audiencia y jugueteó con una delgada cadena de oro que había sacado de su bolsillo.
02:37
Las tres arañas titilaban al unísono, como para disimular los bostezos de la multitud.
02:44
El joven sentado en el fondo miró el escenario una vez más y luego, con las manos en las rodillas, los codos hacia afuera y los ojos clavados en la puerta más cercana, se preparó para empujar a la gente que estaba sentada en su misma fila y ser el primero en salir.
03:01
Quería salir antes que su esposa que estaba en el escenario con los oradores.
03:07
Había tenido la mala suerte de cruzarse con ella antes de la conferencia y había caído en la trampa de pasar dos horas sentado escuchando.
03:16
Un mero espectador de su matrimonio que había llegado a su fin.
03:21
Su misma presencia allí le parecía un indeseado retorno a uno de esos pacientes suicidios que acostumbraba cometer día tras día, por pura deriva y por hábito.
03:32
Vivir solo es exponerse al accidente.
03:36
Había pasado el día entero dibujando en su estudio, con algunas intermitencias, y recién al caer la noche se dio cuenta de que se había olvidado de comer.
03:46
El hambre lo estimulaba.
03:48
Tomó un ómnibus para ir a un restaurante italiano.
03:51
Era uno de esos lugares donde el propietario asomaba de vez en cuando para ejecutar su ballet personal.
03:58
Arrojaba panqueques casi hasta el techo y luego los dejaba caer en la sartén sobre una llama de coñac, espectáculo que muchas veces ayudaba al joven a entablar conversación con las chicas que solía llevar allí en los últimos tiempos.
04:14
El propietario acababa de comenzar el flambeado cuando dos mujeres entraron en el restaurante arrebujadas en sus tapados invernales y se quedaron paradas inmóviles, mirando lo que ocurría como si ellas mismas se estuvieran incendiando.
04:30
El joven tragó de golpe el último espagueti del bocado, se puso de pie y se limpió la boca.
04:37
la más menuda y la más vieja de las dos, era su esposa, y llevaba puesto un ancho sombrero negro de piel que le hacía parecer más baja de lo que él recordaba.
04:48
Una vez liberada de él, se había vuelto extraña y más pequeña, Hasta los ojos se le habían achicado, y como los ratones, enseguida lo vio y esbozó una sonrisa alerta de persona muy ocupada.
05:03
La alta y serena chica de ojos azules de la oficina del instituto, a la que su esposa llamaba con entusiasmo la chica maravillosa, la única con la que he podido entenderme en la vida, estaba con ella.
05:20
Habían pasado más de dos años desde que había dejado de convivir con su esposa.
05:25
Su matrimonio había sido una de esas amistades espinosas que nunca consiguen, para su gran asombro, en cualquier caso, transformarse en amor, pero cuya continuidad se mantiene por pura curiosidad.
05:39
De inmediato se había convertido en algo llamado nuestra situación, un dúo ejecutado por dos pares de manos molestas.
05:48
Lo que los mantenía juntos era ese interés exasperado en las aventuras amorosas del otro.
05:54
Pero con el correr del tiempo, hasta la infelicidad pierde su ternura y su fascinación.
06:00
Rompieron.
06:02
Al principio se veían de vez en cuando, pero ya no, salvo en el instituto donde se exhibían sus dibujos.
06:09
La única conexión entre los dos era el cable telefónico que corría bajo las veredas de Londres y se abría paso hasta el alféizar de la ventana de su estudio.
06:20
Era ella la que llamaba, casi siempre a la noche tarde.
06:23
«Espero que no te moleste», decía Melancólica. «¿Estás solo?».
06:29
Pero como no lograba sacarle nada de esa manera, se ponía brusca y pedía algo de los restos del matrimonio.
06:36
Porque si bien los matrimonios se terminan, la parafernalia continúa.
06:41
Había dos o tres divanes, una alacena pintada, algunas alfombras enrolladas, cajas con ollas y sartenes, lámparas, cosas útiles amontonadas en el garage debajo de su estudio.
06:55
Como si buscara revivir cierta intimidad, ella siempre pedía algún objeto roto o estropeado. Tenía una fidelidad infantil por lo que se había roto. La pantalla chamuscada de una lámpara, un antiguo balde de carbón con una pata floja o una alfombra manchada por su perro Leopold, cuyas patas siempre habían traído problemas.
07:19
La renguera de Leopold había llegado a parecerle una respuesta del animal a su matrimonio desahuciado.
07:25
El único objeto sano que ella le había pedido, y por el que había tenido un berrinche, era un destornillador que había pertenecido al padre de ella, a quien por otra parte detestaba.
07:38
Ahora, en el restaurante, inició una amistosa contienda refugiándose bajo su sombrero de a la ancha, No sabía que seguías viniendo aquí, le dijo ella.
07:49
Vengo de vez en cuando.
07:51
Seguro que ibas a la inauguración en el instituto. No, dijo él, no estaba enterado.
07:57
Pero si yo misma te envié una invitación, dijo ella, tienes que ir. Tus dibujos están en la exposición. Es importante.
08:07
Tres dibujos, dijo la chica con cálidez. Ven con nosotras, le dijo su esposa.
08:14
No, no puedo. Justo estaba por pedir la cuenta.
08:18
Era mentira, por supuesto.
08:20
Ella espió su plato como si esperara leerle la suerte. Adivinar en qué andaba metido.
08:26
Él miró a la chica y dijo con sinceridad, ¿Ya estás mejor?
08:31
No estuve enferma, dijo la chica. Dijiste que estaba en el hospital, le dijo a su esposa.
08:38
No, no puedo haber dicho eso, dijo ella.
08:41
Viajó a Escocia para un casamiento.
08:44
La expresión de decepción, totalmente dramática en el rostro del joven, hizo reír a la chica, que lo miró con curiosidad.
08:53
Solo la había visto dos o tres veces y no sabía nada de ella, pero indudablemente era maravillosa.
09:01
No había estado en el hospital, era hermosa y vivaz, impactante, incluso extrañamente decepcionante.
09:10
El camarero los salvó y las condujo hacia otra mesa. «Que se diviertan», dijo el joven. «Yo me voy a casa». «Adiós», dijo la chica dándose vuelta para saludarlo mientras escoltaba a su esposa hacia la mesa.
09:25
Ese adiós lo cautivó.
09:28
Era un adiós radiante, medio risueño, y cuando se rió había podido verle la lengua y hasta los dientes.
09:36
Su rostro había cobrado vida por el solo hecho de verlo irse.
09:40
Salió del restaurante y pudo ver, en la áspera humedad de la calle, cómo su cara lo seguía de farol en farol.
09:48
Adiós, adiós, repetía. Y entonces cambió de opinión. Una fuerza extraordinaria concentró su mente hasta entonces dispersa y decidió ir a la inauguración y enviarle, si es que podía verla en medio de la multitud, un cegador, risueño y absoluto adiós para siempre, tan radiante como el de ella.
10:10
Pero ahora, sentado en el salón atestado de gente, no había señales de la chica. Se le habían cansado los ojos de tanto buscarla.
10:20
Obviamente no estaba en el escenario con su esposa y los oradores.
10:24
El director, cuya voz evocaba la pegajosidad del chocolate, todavía estaba dando las gracias cuando súbitamente el joven la vio.
10:35
porque la luz de las arañas volvió a temblar, se redujo a un resplandor rojo ceniza y se apagó.
10:42
Y mientras la gente decía ¡Oh! volvió a encenderse con todo vigor y una o dos personas se rieron.
10:50
En ese instante, cuando todos miraron hacia arriba y a su alrededor, se abrió una brecha entre las hileras de cabezas y de hombros y él pudo ver su cabello castaño y su cara ancha y pálida con ese aspecto de rosa blanca, su mentón gracioso y la risa que se iniciaba en él.
11:10
Ella se dio vuelta y lo vio mirándola.
11:13
Hay miradas que son colisiones, que hacen trizas el aire como si fuera un vidrio.
11:19
Ella puso una expresión de franca y alegre complicidad al ver que las cosas salían mal. Estaba sentada unas diez filas más adelante, pero él no alcanzó a saludarla porque ¡plum! la luz se apagó definitivamente.
11:34
La audiencia cayó en masse en la oscuridad.
11:38
El salón se hundió burbujeando en el fondo del mar y fue tragado por las olas.
11:44
Afuera se sintió un portazo. Sonó un teléfono. Unos pies se arrastraron y por todas partes empezó a oírse un parloteo lento que sonaba como un gruñido animal, interrumpido de tanto en tanto por irreverentes ataques de risa.
12:01
Los hombres prendían sus encendedores o encendían fósforos que proyectaban largas sombras anárquicas sobre las paredes.
12:09
Se sentía el repentino calor de la respiración, la lana, las pieles de los tapados y la carne, como si la audiencia se hubiera transformado en un solo y único cuerpo. «No se muevan de sus asientos, por favor», dijo el director desde la oscuridad, como si fuera Dios.
12:30
Era el momento de irse.
12:32
La oscuridad había vaciado el escenario de gente. El joven pensaba que los oradores se habían tratado con demasiada intimidad.
12:40
Le parecía que su esposa sentada al lado de su antiguo amante, Duncan, había ofrecido una imagen demasiado pródiga de la nueva vida que se proponía vivir.
12:50
Duncan era un hombrecito pálido y amargo, y juntos habían jugado el viejo juego de pelear en público por lo bajo, mientras ella lo atormentaba abiertamente dedicándole caídas de ojos al profesor, que respondía haciendo girar cada vez más rápido su cadena de oro.
13:09
La esposa del director estudiaba la escena y se preparaba para defender a su marido en caso de que el anhelo de esos ojos femeninos fuera más allá del profesor y se posara en él.
13:21
Cómo me equivoqué con el carácter de mi esposa, pensaba el joven. ¿Quién habría pensado que aquella virginidad tan melancólica se volvería tan desenfrenada?
13:31
Coraje, Duncan, dijo el joven. Dile que no lo soportas más.
13:36
Amenázala con Inmgard.
13:39
La oscuridad lo había abolido todo.
13:43
No era la oscuridad de la noche. Esta oscuridad no tenía ningún cielo blando y húmedo.
13:50
Era seca. Lo extinguía todo. Despojaba a los ojos de la vista. Hasta las sólidas hileras humanas se montonaban, invisibles.
14:01
Uno quedaba súbitamente desnudo en la oscuridad de la cabeza a los pies.
14:06
podía sentir crecer el vello en el cuerpo y en las charlas distinguir voces masculinas rezongonas voces rápidas de mujer el aire que entraba y salía de los pulmones el movimiento de los músculos los latidos de los corazones muchos se levantaron de sus asientos Rodeado por otros animales como él, el joven también se levantó para ir de casa con la manada, para salir. ¿Dónde estaba la chica?
14:37
Inaccesible, conocida, cerca pero invisible.
14:42
Alguien había llevado una vela al escritorio donde el director continuaba sentado como un espectro. Dijo el director, según parece, damas y caballeros, hubo un desperfecto en el... temo que... esperamos encontrar el... Se oyó la áspera risa animal del público y todos empezaron a levantarse y a caminar lentamente hacia las puertas.
15:07
«Quítense del paso, por favor, permítanme pasar», gritaba el joven con una voz estentoria que nadie oía porque gritaba para sus adentros. «Tengo que llegar hasta donde está esa chica. Hace casi un año que no la veo. Tengo que decirle adiós por última vez».
15:24
Y la multitud clavaba los culos y los codos, ensanchaba las espaldas y se volvía cada vez más alta a su alrededor, diciendo «No empuje».
15:34
Un hombre que parecía muy culto por la voz dirigió su mensaje a la oscuridad diciendo, «¿Es notable lo calma que puede ser una multitud inglesa? Ya lo comprobamos durante el blitz».
15:49
El joven tiró una silla de la fila siguiente y luego otra de la siguiente, abriéndose paso por cualquier hueco que podía encontrar en la abigarrada masa de pieles y lanas, y murmurando, solo hablé con ella tres veces en mi vida, está vestida de azul y tiene la nariz ancha, vive en algún lugar de Londres, no sé dónde, lo único que sé es que yo creía que estaba enferma, pero resulta que había ido a una boda en Escocia, escuché decir que va a casarse con un joven en Canadá, Piensen en una chica como esa, con una cara tan armoniosa como una rosa blanca, pero una rosa que sabe reír.
16:26
Piensen que se lleva esa voz baja e insinuante a Canadá, y cada noche se acuesta entre millares de abetos y un continente de moscas y de nieve. Tengo que llegar a la puerta e interceptarla y decirle adiós.
16:41
Atravesó cuatro hileras de sillas, pisó muchos pies y pegó empujones, pero la multitud era lenta y maciza.
16:50
Cientos de pies se arrastraban. Era inútil decirles, hay un zorro entre ustedes. Cuando vi por primera vez a esa chica, supe que había que tenerle miedo. Acabo de decir con impronta poética que su piel es del color de una rosa blanca, pero no, su cabello tiene el brillo de un bebé, Su frente es amplia y sus cejas son suaves y arqueadas. Sus ojos son azul oscuro y sus labios cálidos e indefensos. La piel se parece al pan. Es una chica maravillosa.
17:21
Todo el mundo lo dice. Pero la señal más segura es que cuando la vi por primera vez, sentí terror de ella.
17:28
Estaba parada frente a la ventana de la oficina mirando pasar a la gente por la calle y hablando por teléfono y riéndose y su risa parecía nadar sobre su vestido y sus pechos parecían unirse a la risa y también su cintura y hasta sus largas piernas jóvenes que continuaban el baile que había bailado, al menos eso decía, la noche anterior.
17:52
Entonces se dio vuelta y me vio y así comenzó mi tristeza.
17:57
Mi esposa estaba presente, era su oficina, y me dijo en un susurro, es una chica maravillosa, ¿no te parece? Se divierte y tiene razón, pero las chicas son tan tontas.
18:09
Yo me lo paso diciéndole, acuéstate con todos los chicos que quieras, no te cases todavía, es una trampa. Y yo decidí no volver nunca más a esa oficina.
18:22
La multitud arrastraba los pies en la oscuridad.
18:25
El olor de los tapados de piel le daba náuseas.
18:29
Reclamaba que lo dejaran pasar, llegar a la puerta. Pidió con enojo que alguien encendiera un fósforo. ¿Qué? ¿Ya no hay más fósforos ni encendedores en este mundo?
18:40
Para poder verla. Pero la gente había dejado de encender fósforos.
18:46
Hubiera querido hincar los dientes en el tapado de piel de la mujer ancha y corpulenta que tenía delante. Le pisó los talones.
18:54
Lo siento, hubiera querido decirle.
18:57
Solo intento decirle adiós a alguien. No pude hacerlo hasta ahora. Imagínese mi situación. No me preocupaba, no me importaba, pero hubo problemas en la oficina. Mi esposa había roto con ese infeliz de Duncan que se había metido con una chica llamada Inmgard, y cuando mi esposa se enteró, lo obligó a dejar a Inmgard Y volvió con él, y en cuanto lo recuperó se metió con el profesor. Ya lo vieron jugueteando con su cadenita de oro en el escenario.
19:26
Para mí es una verdadera sorpresa que la exposición haya podido realizarse, teniendo en cuenta que el profesor y Duncan andaban como perro y gato en la oficina.
19:36
Pero yo tenía que entregar mis dibujos, y así fue como vi por segunda vez a esa chica.
19:41
También se ve una alfombra ese día, una alfombra que mi esposa me había pedido que rescatara entre los despojos de nuestro matrimonio.
19:49
Ah, sí, despojos no me faltan.
19:54
La chica se levantó rápidamente del escritorio en cuanto me vio. Muy rápidamente. Estaba sola y mi tristeza se fumó como por arte de magia. Señaló la puerta de vidrio al fondo de la oficina.
20:06
Hay reunión de comité. Ella está adentro con el marido y los demás, me dijo. Y yo le dije, y esto sí que la hará reír, señora, como diablo se llame, pero por favor muévase. Entonces yo le dije, pero yo soy su marido.
20:23
Con todo lo que estaba pasando en esa oficina, ¿cómo podría haberlo sabido la pobre chica?
20:29
Me reí cuando se lo dije. Me reí de mí mismo.
20:33
La chica no se sonrojó. Me estudió un rato y después se rió. Avanzó tres pasos en dirección a mí, casi corriendo, conté los pasos, porque se acercó lo suficiente como para tocar la manga de mi impermeable.
20:47
Tenía una cara muy suave, pero la nariz era fuerte y ancha.
20:51
En el transcurso de esos tres pasos se transformó en una mujer para mis ojos, no una visión, no una imagen que debía temer, sino una criatura amigable, bien formada.
21:03
«Tendría que haberlo reconocido por la voz.
21:05
Cuando llama por teléfono», dijo.
21:09
El error que había cometido le daba una expresión radiante. «¿El paquete es para la exposición?», dijo.
21:17
Yo había dejado un paquete sobre una silla. «No, es una alfombra. Pesa una tonelada. Es la alfombra de Leopold. Tengo que irme. Dígale que es de Leopold. Leopold es un perro». «Ah», dijo ella. «Pensé que hablaba de un amigo».
21:32
No, según parece, Leopold quiere su alfombra. Tengo un montón de alfombras. Las guardo en el garage de mi estudio. ¿Usted no necesita una alfombra por casualidad?
21:43
Apenas me deshago de ellas, viene una chica y dice, qué desnudo está el piso, necesitas una alfombra. Y me trae una.
21:50
Apuesto que cuando regrese ya tendré una nueva. O también podría regalarle una caja de ollas, una aspiradora, un serrucho, una cajonera, unas tenazas, un toallero.
22:02
Decía esas cosas para hacerla reír, para volver a ver su lengua y sus dientes y ver moverse su cuerpo bajo ese vestido azul, que era de un azul claro ese día, y para mostrarle cuánta distancia había entre su vida y la mía.
22:16
Tengo que irme, volví a decir, pero al llegar a la puerta dije, también tengo camas, para cuando usted se case, todo en el garage.
22:27
Ella me acompañó hasta la puerta y le dije adiós con la mano.
22:31
Y entonces le dijo a la espalda de la mujer del tapado de piel, «Puedo ser fascinante. Es una manera de desaparecer.
22:40
Ojalá usted desapareciera y me dejara pasar.
22:43
Nunca volveré a verla».
22:46
Y efectivamente, hasta esa noche no había vuelto a verla.
22:50
Había empezado un dibujo grande al que llamó «La cornucopia».
22:55
Era antes que nada un pequeño boceto cómico de una aspiradora que contenía pedazos de basura de su garage.
23:02
Muy inteligente y muy tonto.
23:05
Lo hizo trizas, y dibujó un dibujo más grande, y el cuerno de la abundancia se parecía a la cabeza de la chica, pero cuando tuvo que dibujar los frutos de la tierra, le salieron frutos de la geometría. Hexágonos, octógonos, cubos, con algo parecido a un erizo arriba de todo.
23:25
de modo que la cornucopia cada vez se parecía menos a la cabeza de una chica.
23:31
Esa obra lo sacaba de quicio cuanto más trabajaba en ella.
23:39
Septiembre dio paso a octubre en los parques, y de vez en cuando los gatos en el techo vidriado del estudio perdían el equilibrio y caían deslizándose con un chirrido de uñas entreverados en sus entuertos de amor.
23:56
Una noche, su esposa lo llamó por teléfono. «Ay, Dios, estamos en problemas», dijo al escuchar la voz quejosa de ella.
24:06
Hacía meses que evitaba cruzársela. «¿Puedes atender la llamada? ¿Estás solo?», dijo.
24:13
Ocurrió algo espantoso. Duncan volverá a casarse. Irmgard nuevamente lo tiene entre sus garras. Llamé a Alex. Siempre me decía que podía llamarlo, pero no puede venir. ¿Por qué me rechaza? ¿Y te acuerdas de esa chica?
24:29
Se fue. El trabajo se amontona.
24:33
¿A Canadá? dijo él. ¿Cómo se te ocurre semejante cosa? dijo ella con ganas de pelear.
24:40
La vez pasada dijiste que pensaba irse a Canadá.
24:43
Siempre me estás poniendo palabras en la boca.
24:46
Está en el hospital.
24:48
Enferma, dijo él. ¡Qué feo! ¿Dónde está? ¿Cómo voy a saberlo? Dijo ella.
24:54
Leopold, agregó, y dejó escapar una risita nerviosa. Leopold está haciendo un desastre otra vez. Tengo que cortar.
25:02
Lo siento, dijo él. Enferma. En el hospital. La imagen de la chica corriendo hacia él en la oficina le volvió a la mente y sus ojos se llenaron de lágrimas.
25:16
Sentía una lengua de fuego y una lengua de hielo en los brazos y en las piernas.
25:21
Su cuerpo fue tomado por una fiebre que iba y volvía tan violentamente que apenas podía respirar.
25:29
Se le aflojaron las rodillas.
25:31
Estaba enamorado de la chica.
25:33
Un amor que parecía venir de cosas ocurridas miles de años atrás.
25:38
Incluso pensaba que la chica no era joven, sino antigua, tal vez egipcia.
25:45
La piel de su cara no era como una rosa, ni tampoco como el pan.
25:50
Era como una piedra que los siglos habían vuelto áspera.
25:55
Estoy sintiendo amor, dijo, por una mujer, por toda ella, por primera vez.
26:02
No existe ninguna otra.
26:04
Siento amor no solo por su cara, por su cuerpo, por su voz, por sus manos y por sus pies. sino por la calle donde vive, por el lugar donde nació, por sus vestidos y por sus medias, por sus viajes en ómnibus, por sus carteras, por sus fiestas, por sus bailes.
26:24
No sé dónde está. ¿Cómo puedo averiguarlo? ¿Por qué no me di cuenta antes?
26:31
Apretado como un trapo entre la multitud, llegó a la puerta. Una vez allí, la multitud aumentó de volumen y lo empujó, obligándolo a cruzar el umbral de espaldas, porque se había dado vuelta para buscarla.
26:46
Del otro lado de la puerta esperaba un amplio rellano. La multitud daba con cautela los primeros pasos hacia la larga extensión de la escalera.
26:56
El mármol de las paredes reflejaba un poco de luz, y el hombre culto de antes lo aferró del brazo y dijo, tenga cuidado al bajar, y le impidió el paso.
27:08
Él se liberó de la mano que lo aferraba y se apoyó contra la pared. No sea estúpido, dijo el hombre culto, agitando los brazos. Si alguien se resbala al bajar, el resto le pasará por encima.
27:20
Ahora sonaba como un loco. Ya lo vi en la guerra. De a pocos por vez, de a pocos por vez, gritaba, y el joven sintió las salpicaduras de saliva en la cara.
27:34
La multitud pasaba a su lado como una procesión de dolientes, indescifrable.
27:40
Pero una mujer inmensa se le fue encima y se colgó de sus mangas con ambas manos. —¡Thorney! ¡Thorney! ¿Dónde estás? ¡Me abandonaste! lloriqueaba. —Mi niña —dijo un hombre a sus espaldas—, aquí estoy. La gorda lo soltó, se dio vuelta de golpe y chocó con su marido y se aferró a él. —¿Llevabas abrazada a esa mujer? —dijo.
28:03
Y desaparecieron.
28:07
El joven buscaba una cara.
28:10
Un hombre intentaba subir las escaleras, deslizándose contra la pared e intentando abrirse paso entre la procesión que bajaba incesante.
28:19
Cada dos o tres pasos gritaba, ¡Señor Sagachek!
28:24
¡Sagachek! ¡Sagachek! ¡Sagachek! Estaba cada vez más cerca y súbitamente una boca abramó en la cara del joven con una ráfaga de aliento fuertemente especiado.
28:37
—¿Señor Sagachek? —Yo no soy el señor Sagachek —dijo el joven con voz clara y fría.
28:44
Y mientras lo decía, la multitud derribó al hombre de costado.
28:49
Una mujer tomó la mano del joven y dijo —¡Francis!
28:52
Y se rió.
28:54
Lo había nombrado.
28:56
Era la chica. Por supuesto. ¿No es una locura todo esto? ¿No es maravilloso? Te vi. Te andaba buscando. Dijo.
29:06
Yo te estaba buscando.
29:08
Entrelazó sus dedos con los dedos cálidos de la chica y apretó su brazo contra su pecho.
29:14
¿Estás con tu esposa? Dijo ella.
29:16
—No —dijo él.
29:18
Ella le apretó la mano. Él la levantó y se la puso bajo el brazo.
29:23
—¿Estás sola? —dijo. —Sí —dijo ella. —Bien —dijo él. Pensé que te habías ido. Podía sentir el pecho de la chica bajo su brazo. Quiero decir para siempre que te habías ido del país. Vine a decirte adiós. —Ah, sí —dijo ella con entusiasmo y frotándose contra él—. ¿Por qué no viniste a la oficina?
29:46
Él le soltó la mano y le rodeó la cintura con el brazo. «Ya te diré por qué. Vayamos a algún lado». «Sí», volvió a exclamar ella. «Hay otra salida. Vamos a esperar aquí y dentro de un rato saldremos por atrás».
30:00
La multitud los apretujaba. Y entonces oyó la voz de su esposa, a menos de un metro de él. «No estoy haciendo una escena», decía. «El que está loco eres tú. Quisiera saber qué pasó con la chica».
30:14
No sé ni me importa, dijo el hombre. Deja de cambiar de tema, ¿sí o no?
30:19
El joven se puso rígido. Esta es la prueba. Si la chica habla, el milagro se hace añicos.
30:26
Ella le sacó el brazo de la cintura y aferró su mano con ferocidad. Se agarraron con fuerza, clavándose las uñas el uno al otro como si quisieran lastimarse.
30:36
El joven oyó cómo uno de los grandes botones del tapado de su esposa chocaba contra un botón de su saco.
30:43
Permaneció así unos segundos.
30:46
Para él, tanto como había durado su matrimonio.
30:51
Hacía años que no estaba tan cerca de su esposa.
30:54
Entonces la multitud siguió avanzando, los botones volvieron a chocar y la escuchó decir, «El único que está es Leopold».
31:03
Y desapareció en una voluta de humo de su cigarrillo.
31:06
Francis y la chica se soltaron las manos y él la apretó contra su cuerpo. «Vamos», susurró, «conozco el camino».
31:16
Bordearon la larga pared del rellano. Pasaron al lado de un busto reluciente. —El señor Sagachek —dijo él— y llegaron a la esquina de un pasillo largo y vacío, débilmente iluminado por una ventana alta en el fondo.
31:32
Lo cruzaron casi corriendo, tomados de la mano.
31:35
Dos veces se detuvieron a probar la puerta de una habitación hasta que la tercera puerta cedió. —Entremos —dijo él.
31:44
La hizo entrar en una habitación oscura de grandes dimensiones, con las cortinas abiertas, un lugar que olía a alfombra nueva, pintura nueva y muebles nuevos.
31:54
Se veía el resplandor del escritorio.
31:57
Avanzaron a tientas hacia la ventana.
32:00
Abajo había una plaza con sus árboles de invierno y los faroles de los autos que jugaban sobre ellos y gente que caminaba por los senderos.
32:08
Le rodeó la cintura con los brazos y la besó en la boca, y ella lo besó.
32:14
Las manos de esa chica eran tan salvajes como las suyas. —¿Estás loco? —le dijo. —Esta es la oficina del director. Susurró cuando la empujaba hacia el sofá. Pero cuando las manos de él subieron por la piel de su pierna, le dijo. —Vamos. —¿Cuándo empezaste a amarme? —dijo él. —No lo sé. Recién ahora. Cuando no venías. No lo sé. No me preguntes. Recién ahora. Cuando dijiste que me amabas.
32:38
Pero antes, no lo sé, dijo ella.
32:42
Y entonces se encendieron todas las luces del edificio y las luces del escritorio, y ellos se levantaron, asustados, con los rostros calientes, los ojos ardientes, odiando la luz.
32:55
Vamos, tenemos que salir de aquí, dijo él.
32:58
Y huyeron de la oficina iluminada para perderse en lo oscuro de la ciudad.
33:13
Esto fue Una chica maravillosa de Victor Pritchett, más conocido como B.S. Pritchett, autor inglés, que publicó esta historia en 1973.
33:26
¿No es maravilloso que este texto nos presente tantas imágenes en nuestra cabeza? Yo creo que no paré de mirar lo que me estaba contando. Me imaginaba esa sensación de la luz cortada, la gente intentando salir, ellos no pudiendo encontrarse, y después de encontrarse, esta búsqueda casi sin poder frenarla, de un lugar a donde estar solos, y cuando vuelve la luz nos vemos... Y nos vamos en busca de oscuridad.
33:58
Quisiera que me cuenten qué les pasó con la historia. Tal vez la tengan que escuchar más de una vez porque en una primera lectura puede ser confusa como está narrada porque va mezclando recuerdos con un presente.
34:10
Tienen acá los comentarios, si están en Spotify, si están en YouTube. También pueden darle like o poner estrellitas, que al podcast eso les sirve un montón para despertar a los algoritmos. Y por mi parte, invitarlos, por supuesto, a seguir todo lo que hace Porqué Leer, que ahí también podemos conversar. En arrobaPorquéleer.org en todas las redes.
34:29
Y un pasito más. Nos ayudaría un montón que puedan sumarse también a la membresía. Porqueleer tiene una comunidad que son los que también apoyan económicamente este trabajo, así que si quieren pueden pasar por porqueleer.com barra patrocina y ahí van a encontrarse aportes mensuales o aportes eventuales que una cosa y la otra. nos suman muchísimo para poder continuar con este trabajo. Lo digo en nombre mío y en nombre de todo el equipo de Por qué Leer, en particular los que hacemos los audiolibros, está Dani Fernández, arroba danirap.f, que es nuestro editor de audio.
35:07
Está en la producción Simena González, arroba Simegonzal3z. Y en la edición de las videobiografías está Luz Fernández, que es arrobaluzma.fz en redes. Si ustedes tienen ganas de armar equipos de trabajo y tienen la necesidad de un editor de audio, de una productora o un editor de video, ya saben que pueden escribirles. Por mi parte, mandarles un abrazo enorme y prometerles, como todas las semanas, que nos volvemos a escuchar.
35:38
Hasta la próxima lectura. Chau.